Se acabaron las vacaciones
¡POR FIN! , aunque me da pena volver al trabajo, a veces las vacaciones no son el mejor momento para descansar. En quince días he viajado a tres sitios distintos de España, siete días en Valencia, cinco días en Barcelona y tres días en Asturias. Tengo que decir que vivo en ese fresquito Donostia, que en agosto tienes que ir con “rebeca” por si acaso, así que cuando llegamos a Valencia, apenas podíamos respirar, eran las cinco de la mañana y se respiraba aire caliente. Los días siguientes hizo el mismo o más calor, aunque todo se compensaba con ver a los amigos y la familia… o no. Después de varias intentonas logré ir a casa de mi hermana, ya que se había mudado y quería enseñarme su pisito, me enseñó el piso, me ofreció comida diciendo… “si tienes hambre, hay esta la nevera” Después de comer y tomar café me dijo “creo que me va mal el ordenador, podrías mirármelo” así que allí me tenias arreglándole el ordenador a mi hermana sola, mientras mi madre y ella cotilleaban en el salón, ten familia pa’ esto…
Después de todas las visitas familiares y amigos, cogimos un tren rumbo a Barcelona donde nos esperaban unos de nuestros mejores amigos; si, esos amigos que aunque no les llames en un mes cuando vuelves a hacerlo es como si el tiempo no hubiera pasado, después de once años aún me aguantan, así que habrá que decir que por lo menos algo maja ya soy.
Fuimos con la intención de hacer un poco de turismo y pasar unos días en compañía de nuestros amigos, así que eso hicimos, hasta que me picó un mosquito tigre o uno león, porque lo que me salió en la pierna era parecido al culo de un elefante, lo mejor de todo es que llevaba una falda larga y unos leggins (que una es piernijunta) así que atravesó varias capas aparte de mi piel, eso lo hizo en varios sitios, detrás del tobillo, detrás de la rodilla, y en dos partes de una de mis pantorrillas. Ya podéis imaginarme con una pierna cinco veces más grande que la otra, por lo demás el resto de la estancia transcurrió sin problemas.
El viernes de esa semana procedimos a coger un avión a las seis de la mañana que nos llevara a Asturias, cuando llegamos se había reventado uno de mis botes de acondicionador, y la bolsa de “los cosméticos” olía taaaannnn bieenn y el resto del aeropuerto también, después de blasfemar y acordarme de la familia del encargado en mover mis maletas, salimos fuera y me di cuenta de que estábamos en el norte, ya que llovía y hacia frio y yo con todo de tirantes… si es que cuando las mujeres ponemos los “por si” es por algo, y a mi esta vez se me olvidaron. Así que ya me ves a mí buscando una tienda donde poder comprarme una chaqueta de dos días. Nos alojamos con unos amigos en un albergue juvenil, que en época escolar estaría lleno de universitarios ya que el campus estaba en frente, nuestra sorpresa fue cuando nos miraban raro al salir a las diez de la noche para ir a cenar y volver a las tres para acostarnos, me sentía como cuando tenía diecisiete años y mi madre me miraba mal cuando salía.
El fin de semana paso tranquilo, bebimos sidra vimos Gijón y Oviedo, allí nos reunimos con unos cuantos amigos mas, nuestra última noche decidimos pasarla en un restaurante, en el cual cenamos dentro de un barril, estuvo muy bien. Luego salimos por ahí de marcha, llegamos a las cinco de la mañana, nosotros saleamos a las tres de la tarde del día siguiente, así que teníamos tiempo. Estaba durmiendo cuando un fuerte ruido me despertó de golpe, mire el reloj, las diez de la mañana, abrí la puerta y vi a la recepcionista gritándonos que teníamos diez minutos para irnos, que la hora de irse allí era a las diez, os podéis imaginar, la resaca, el sueño, hacer las maletas a todo correr, ya que como teníamos tiempo, no la hice, darse una ducha… un caos, cuando salimos de allí los cinco que éramos, cada uno tomo rumbo a su casa, nosotros nos quedamos así como mas de dos horas esperando cerca de la estación… un show, así que es de esperar que cuando entramos por la puerta dijéramos ¡POR FIN EN CASA!
Después de todas las visitas familiares y amigos, cogimos un tren rumbo a Barcelona donde nos esperaban unos de nuestros mejores amigos; si, esos amigos que aunque no les llames en un mes cuando vuelves a hacerlo es como si el tiempo no hubiera pasado, después de once años aún me aguantan, así que habrá que decir que por lo menos algo maja ya soy.
Fuimos con la intención de hacer un poco de turismo y pasar unos días en compañía de nuestros amigos, así que eso hicimos, hasta que me picó un mosquito tigre o uno león, porque lo que me salió en la pierna era parecido al culo de un elefante, lo mejor de todo es que llevaba una falda larga y unos leggins (que una es piernijunta) así que atravesó varias capas aparte de mi piel, eso lo hizo en varios sitios, detrás del tobillo, detrás de la rodilla, y en dos partes de una de mis pantorrillas. Ya podéis imaginarme con una pierna cinco veces más grande que la otra, por lo demás el resto de la estancia transcurrió sin problemas.
El viernes de esa semana procedimos a coger un avión a las seis de la mañana que nos llevara a Asturias, cuando llegamos se había reventado uno de mis botes de acondicionador, y la bolsa de “los cosméticos” olía taaaannnn bieenn y el resto del aeropuerto también, después de blasfemar y acordarme de la familia del encargado en mover mis maletas, salimos fuera y me di cuenta de que estábamos en el norte, ya que llovía y hacia frio y yo con todo de tirantes… si es que cuando las mujeres ponemos los “por si” es por algo, y a mi esta vez se me olvidaron. Así que ya me ves a mí buscando una tienda donde poder comprarme una chaqueta de dos días. Nos alojamos con unos amigos en un albergue juvenil, que en época escolar estaría lleno de universitarios ya que el campus estaba en frente, nuestra sorpresa fue cuando nos miraban raro al salir a las diez de la noche para ir a cenar y volver a las tres para acostarnos, me sentía como cuando tenía diecisiete años y mi madre me miraba mal cuando salía.
El fin de semana paso tranquilo, bebimos sidra vimos Gijón y Oviedo, allí nos reunimos con unos cuantos amigos mas, nuestra última noche decidimos pasarla en un restaurante, en el cual cenamos dentro de un barril, estuvo muy bien. Luego salimos por ahí de marcha, llegamos a las cinco de la mañana, nosotros saleamos a las tres de la tarde del día siguiente, así que teníamos tiempo. Estaba durmiendo cuando un fuerte ruido me despertó de golpe, mire el reloj, las diez de la mañana, abrí la puerta y vi a la recepcionista gritándonos que teníamos diez minutos para irnos, que la hora de irse allí era a las diez, os podéis imaginar, la resaca, el sueño, hacer las maletas a todo correr, ya que como teníamos tiempo, no la hice, darse una ducha… un caos, cuando salimos de allí los cinco que éramos, cada uno tomo rumbo a su casa, nosotros nos quedamos así como mas de dos horas esperando cerca de la estación… un show, así que es de esperar que cuando entramos por la puerta dijéramos ¡POR FIN EN CASA!
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