Sonrían, por favor.

El otro día pensaba mientras volvía en RENFE de Barcelona hacia Barberà, qué es el arte. O mejor dicho, qué es un artista. Cuando uno mira a su alrededor, se da cuenta rápidamente de las exigencias sociales, buena presencia, saber estar, tener tirón mediático y saber hacer algo curioso. Los grandes artistas de hoy son niños y no tan niños que intentan vender su imagen cual corporación o holding económico. En otras palabras, te venden un modelo a seguir.

Todas las niñas de 12 a 16 años (aunque las hay más maduritas) quieren ser como Hannah Montanah. Bien, analicemos a esta gran artista, o al menos eso es lo que dicen sus ventas. ¿Qué nos encontramos? Buena imagen, tirón entre los jóvenes, y oye, ¡encima canta! El resultado de todo es una niña que vende más que algunos de los mejores grupos de la historia, con serie de televisión y que probablemente tenga hasta marca de pasta de dientes.
Es triste. Es realmente triste.

Ya pasó a la historia el valorar al cantante por sus letras o al músico por su habilidad.
Queremos caras bonitas, y a ser posible que nos digan lo que tenemos que hacer, es la maravillosa cultura del mínimo esfuerzo. Esa cultura tan asentada en España.

Luego nos sorprendemos de quedar últimos en Eurovisión con nuestra flamante estrella de OT. Perdonen que les recuerde cual fue la otra finalista. En efecto, la de los gorilas.
Discúlpenme de nuevo si les recuerdo que esta decisión se tomó por votación pública.
Sin embargo esto no es un fenómeno aislado, por desgracia no. Vemos los efectos de este mal tan devastador en diferentes ámbitos.

Las mayores cuotas de audiencia las ocupan los programas de tele basura de los canales privados. En este caso, cualquiera con poca vergüenza puede presentarse e inventar algo por unos minutos de fama. Los escrúpulos no cuentan aquí por supuesto.
Y podría seguir con esto con muchos otros ejemplos, pero me parece más útil algún tipo de reflexión.

Este mal afecta a las personas como si de una indigestión se tratara, esa reacción tan humana de tirarse un pedo y culpar al vecino. La culpa jamás será nuestra. Y esto seguirá siendo así hasta que la gente pueda dejar de mirarse el ombligo y reaccionar, porque está en nuestras manos cambiar, podemos apagar la radio cuando ponen a Hannah, podemos cambiar de canal cuando no dan más que basura, podemos en fin, dejar de mirar hacia otra parte y poner fin a la diarrea mental con la que nos atacan a diario.

Mientras tanto, sonrían por favor, que alarga la vida y es bueno para el cutis.

Comentarios

  1. Estupenda y real reflexión, adelante con tus historias. Me encantan!!

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